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A propósito del 007 de Junio del 2011

Nota enviada, pero NO publicada en el
periódico electrónico local "El Morrocotudo"
Este año 2011 se cumplen 131 años desde que la ciudad de Arica fue incorporada a la administración de la República de Chile, tras la batalla conocida como el Asalto y Toma del Morro de Arica. En distintos momentos y períodos de estos 131 años de historia chilena de Arica, se ha ensalzado el heroísmo y patriotismo de la acción militar, llegando incluso a señalar que es un acontecimiento “fundador” del ariqueñismo.
Al ocupar un territorio y una población con una larga tradición virreinal y republicana, que se identificaba con la cultura y la historia peruana, Chile se enfrentó a un dilema cultural y político. El concepto moderno de Estado Nación sólo podía sustentarse en la existencia de una sola nacionalidad en los límites administrativos del país, y ni pensar en la posibilidad de estados multiculturales, ni multinacionales, pues literalmente estábamos en el siglo pasado. Tras finalizar la guerra, la única alternativa posible para el Estado Chileno era implementar una rápida chilenización, para poder ganar el plebiscito de Tacna y Arica, y también para explotar con prontitud el salitre de Tarapacá.
La chilenización fue una política estatal iniciada para lograr la identificación de la población de Arica y Tarapacá con los “valores y tradiciones chilenas”. Para esto, las familias peruanas fueron obligadas de manera indirecta y también coercitiva a dejar sus sentimientos y costumbres peruanas. No sólo se trabajó a nivel de la educación formal, de la instrucción militar, y las enseñanzas religiosas de la Iglesia Católica, sino que también mediante la acción de grupos paramilitares que persiguieron a la población local que insistía en mantener sus costumbres y valores.

Sin duda, este proceso, violento, discriminatorio y que cuyos excesos nunca fueron reconocidos por el Estado Chileno, finalmente hizo un buen trabajo. Hoy en día, los ariqueños en su gran mayoría se siente orgulloso de ser chileno; comparte de buena manera la “cultura Chilena”, informándose de lo que sucede en la capital y otras regiones mediante los medios masivos de prensa noticiosa y televisión farandulera; creemos que hablamos con un inconfundible acento y modismos chilenos; asumimos que ser un “chileno bien nacido” significa cantar el himno patrio, bailar cueca y vanagloriarse de todas las hazañas militares chilenas; aceptamos de buena gana, cuando un sureño pálido dice que vino a Arica “a mejorar la raza”; nos negamos como chileno (y no como ariqueño) cualquier posibilidad de entregar terrenos a Perú o a Bolivia a cambio de convenientes acuerdos comerciales, señalando que “la sangre derramada en el Morro no fue en vano”; seguimos inaugurando monumentos y estatuas de militares heroicos; y nos hemos acostumbrado sin chistar en ser una de las regiones mas militarizadas del país, con un gran número de uniformados “haciendo patria”, y una horda de soldados “profesionales” chocando semanalmente sus autos enchulados.
Sin embargo, en pleno siglo XXI, los ariqueños fuertemente chilenizados, deberíamos dejar de pensar como habitantes de un Estado Nación decimonónico y pensar como ciudadanos libres con muchas más identidades que la versión chilena proveniente del centro del país. Sin duda, le debemos a Chile, a sus impuestos y a su clase gobernante, muchos de los avances modernizadores, pero también le debemos una fuerte dependencia ideológica y económica, que nos hace buscar las alternativas de crecimiento y desarrollo a partir de las decisiones del “centro del reino”.
Frecuentemente nos olvidamos que tenemos una de las historias más ricas del país, con más de 9000 años de antigüedad, donde nuestra inclusión en el Estado de Chile, sólo corresponde a un 0,9 % de nuestra historia (ver Figura). Tenemos un conjunto de tradiciones andinas que nos permiten enfrentar eficientemente nuestra riqueza medioambiental en medio del desierto más árido del planeta. Tenemos una historia urbana tan antigua que el mismo Santiago del Nuevo Extremo, llena de sismos, maremotos, reconstrucciones y enseñanzas.
No olvidemos, por favor, que nuestra ciudad fue fundada el 25 de Abril de 1541. Lo mínimo es que no sigamos asumiendo que el 7 de Junio es el “día de Arica” o el “cumpleaños de Arica”, pues somos mucho más que Chile. Tenemos una larga y profunda historia que debemos conocer, asumir y utilizarla plenamente para formar nuestra particular identidad cultural. Como siempre he dicho con orgullo: “somos la ciudad menos chilena", lo que en pleno siglo XXI, en un mundo globalizado y abiertamente multicultural, es una ventaja y una carta de presentación.

Noviembre 2010

El Patrimonio Cultural y los Monumentos en Arica


Nota aparecida originalmente en el periódico electrónico local
"El Morrocotudo" el 06 de Julio del 2010.



Se tiende a confundir los términos “Patrimonio” y “Monumento”. Se suele entender al Patrimonio Cultural como un amplio concepto que involucra un conjunto de aspectos materiales e inmateriales que son valorados colectivamente como insumos que dan forma a nuestra identidad cultural. Más allá de un listado de cosas que todos deberíamos apreciar y cuidar, el Patrimonio Cultural consiste en un proceso social dinámico en que cada individuo identifica y tiene una particular relación con los hitos de su historia y su paisaje.


En este sentido, el Patrimonio Cultural y Natural regional ha sido frecuentemente nombrado como uno de los puntales de la identidad de nuestra administrativamente nueva, pero ya milenaria región de Arica y Parinacota. Además, el Patrimonio Cultural también es visto como un conjunto que puede servir para lograr el anhelado desarrollo económico y social.


En nuestra región el tema patrimonial se ha ido instalando de alguna forma en la comunidad. Así, lenta pero consistentemente la comunidad va exigiendo que los edificios, las plazas, las calles y los diversos lugares en donde reside la memoria y la historia local estén protegidos de intervenciones que no respeten esos valores. Incluso esta misma comunidad se pregunta por qué las autoridades y las leyes no logran impedir la pérdida de estos lugares que poseen un innegable valor cultural e histórico.


Es en este punto donde yace la diferencia con el concepto de Monumento. En términos legales, los Monumentos Nacionales, son aquellos lugares, construcciones o ruinas que gozan de la protección legal de la Ley Nº 17.288. A través de esta Ley, sólo se puede proteger una parte del Patrimonio Cultural, el patrimonio tangible y en lo posible de grandes dimensiones o “monumental”.


La Ley 17.288 señala cinco categorías de Monumentos Nacionales: Monumentos Históricos, Zonas Típicas, Santuarios de la Naturaleza, Monumentos Arqueológicos y Monumentos Públicos. Los tres primeros requieren de un decreto otorgado por el Ministerio de Educación para lograr esa protección, mientras que los dos últimos, lo son sin necesidad de decreto alguno.


En la ciudad de Arica han sido declarados como Monumentos Históricos un conjunto de edificios y lugares que por sus especiales características históricas y arquitectónicas deben resguardarse. Destacan los siguientes: El Morro de Arica, la Ex–Isla del Alacrán, el Regimiento “Rancagua”, la Antigua Aduana de Arica, el Edificio del Ferrocarril Arica-La Paz y la Catedral San Marcos de Arica. De esta forma, cualquier intervención que se requiera hacer en estos Monumentos Nacionales, incluso una conservación, debe ser autorizada por el Consejo de Monumentos Nacionales, quien velará para que los valores patrimoniales por los cuales fue declarado se mantengan. En Arica, la Comisión Asesora de Monumentos Nacionales está presente para orientar tanto a los privados como a los servicios que tengan dudas respecto a la intervención y manejo de los Monumentos Nacionales.


Sin duda, en la ciudad existen otros lugares y edificios que poseen las condiciones para lograr esta protección legal. Con tales declaraciones se evitaría el riesgo de deterioro e incluso pérdida de estos componentes de nuestro patrimonio. Entonces, no basta con ser reconocido como Patrimonio Cultural para que los lugares y edificios significativos se conserven, y sólo adquiriendo la calidad de Monumento Nacional, éstos pueden ser resguardados.


Además de la Ley 17.288, existe otra herramienta de protección para algunos inmuebles patrimoniales, dentro del Plan Regulador de la Comuna de Arica, sancionado el año pasado. En este Plan Regulador se reconoce un conjunto de Inmuebles de Conservación Histórica, los cuales sólo pueden ser intervenidos si cuenta con la autorización del Ministerio de Vivienda y Urbanismo (MINVU). En la página “Patrimonio Urbano” del MINVU hay un listado de los inmuebles de la ciudad de Arica que posee esta protección.


Estamos claros que la actual legislación no es suficiente para salvaguardar este patrimonio urbano de Arica, principalmente porque no da los incentivos a los dueños privados, ni da los presupuestos al Estado para que se mantengan adecuadamente los Monumentos Nacionales. Esto ha resultado, ya muchas veces, en la pérdida de edificios o espacios públicos que se intervinieron o se perdieron irremediablemente.


Por ejemplo, hace menos de un mes la comunidad rechazó la destrucción del antiguo Lazareto en la calle 18 de Septiembre con Lautaro. Si bien estaba reconocido por la comunidad por su valor dentro de la historia de la salud ariqueña y como indicador de los antiguos límites de la ciudad, no se pudo evitar la pérdida, ya que este edificio no contaba con ningún tipo de resguardo. Actualmente en ese lugar se construye un establecimiento educacional. Hubiera sido fácil para arquitectos con sensibilidad patrimonial haber incorporado el antiguo edificio a las nuevas necesidades de espacio universitario.


Más dramático es el ejemplo del año pasado cuando se demolió el edificio del antiguo Colegio San Marcos (ahora Colegio Juan Pablo II) para dar paso a uno nuevo. Esto fue trágico pues ese edificio estaba considerado como Inmueble de Conservación Histórica en el Plano Regulador vigente, pero esto no bastó para evitar que fuera destruido. No sabemos exactamente cómo se permitió esto, si primó un anterior decreto municipal de demolición o si el mismo MINVU no estaba al tanto de sus atribuciones.


Además, con un potencial riesgo de pérdida irremediable están las casi únicas evidencias de la arquitectura colonial de Arica: Las ruinas monumentales de la antigua Iglesia de San Juan que ocupan gran parte de la manzana de Baquedano con Sotomayor. Una pequeña porción de su estructura se exhibe en el interior del Edificio Consistorial, pero la mayoría se encuentra en terrenos privados y en un avanzado grado de deterioro. Las ruinas han sido crecientemente presionadas por los modernos edificios colindantes y actualmente el terreno es ocupado para un estacionamiento vehicular. Los actuales dueños dicen estar obligados a destruir los muros coloniales, ya que ponen en riesgo la integridad de los vehículos de sus clientes.


Por otro lado, el actual Mercado Central, en la calle San Marcos entre Baquedano y Colón, se emplaza en el antiguo Convento de San Francisco, conservando en el subsuelo evidencias coloniales que constituyen Monumento Arqueológico. Tras los sismos del siglo XIX, un conjunto de elementos arquitectónicos de la época peruana de Arica, como los pilares de fierro forjado de la antigua Aduana, fueron habilitados en este lugar para dar forma a un Cuartel Militar y posteriormente al Mercado de Abastos.


Hoy en día, aunque el Mercado Central es considerado un Inmueble de Conservación Histórica por el Plan Regulador de Arica, cuenta con un decreto municipal de demolición y esta en permanente riesgo de que el Municipio destruya el edificio. Esto no sólo pone en riesgo el valor arquitectónico e histórico del inmueble, sino que además todo el valor social y la memoria colectiva que también forma parte de nuestra identidad ariqueña, que descansa en el Mercado Central y sus trabajadores.


Si los ariqueños queremos conservar los valores históricos y patrimoniales de la ciudad de Arica, en especial del casco antiguo, debemos identificar y solicitar la declaración de nuevos Monumentos Nacionales. Esta es una herramienta que no asegura una adecuada gestión, pero si protege de las eventuales destrucciones por razones inmobiliarias que se desentienden de nuestra historia. Es importante conservar estos edificios y lugares, con el objeto de reforzar nuestra identidad cultural y a partir de ella, también es posible desarrollar nuevas alternativas de Turismo Cultural, y encaminarnos en el esperado desarrollo regional.


¿Cuál lugar o edificio patrimonial de Arica propone Usted para su declaración como Monumento Nacional?.

Marzo 2009

Daño Invaluable al Patrimonio Arqueológico de la Región

Esta nota apareció en el periódico electrónico local
"El Morrocotudo", el día 01 de Marzo del 2009.

Según los vecinos que habitan a la salida de Cerro Sombrero (valle de Azapa, Comuna de Arica), hace dos semanas una maquinaria estuvo trabajando en el lugar, preparando un camino y luego moviendo tierra en la parte alta del cerro. Los testigos no detectaron que se trataba de un delito y que los trabajos estaban afectando directamente un Monumento Nacional, que por el hecho de ser un bien arqueológico posee la máxima protección de la Ley 17.288 de Monumentos Nacionales. Los irresponsables e ignorantes encargados de la obra se dieron maña para iniciar un abrupto camino de ascenso desde el mismo letrero informativo que indica la existencia de un importante Yacimiento Arqueológico de procedencia prehispánica. ¿Cómo es posible esto?


La Aldea Prehispánica de Cerro Sombrero

A principios de la década de 1980 esta aldea prehispánica fue estudiada por investigadores de la Universidad de Tarapacá. Ellos afirmaron que se trataba de una singular ocupación de una comunidad agroganadera que explotaba también los recursos marinos. Ubicada en la parte más alta de los cerros, su emplazamiento puede deberse al valor estratégico de la gran visión del entorno, o también al ambiente más salubre que el encontrado junto a las ciénagas del río San José.

Se trata de una importante yacimiento que da cuenta de cómo era el vivir cotidiano de las sociedades que los arqueólogos denominan Cultura Arica del período de Desarrollos Regionales (entre 1.200 y 1.400 d.C.). Existen muchas evidencias de que estas comunidades tenían un alto sentido estético, no sólo a través del barroquismo de sus piezas textiles, cerámicas y calabazas rescatados respetuosamente desde sus ajuares funerarios (web Iconos de Arica). Además, esta aldea nos indica claramente que las expresiones artísticas formaban parte importante de su vida diaria, compartiendo su espacio con una multitud de geoglifos que rodean al poblado.

Sin embargo, este complejo conjunto aldeano, compuesto de habitaciones y geoglifos, no sólo tiene valor informativo, sus características paisajísticas y monumentales son posibles de apreciar desde grandes distancias, convirtiéndolo en un potencial recurso turístico. La Aldea Cerro Sombrero es el fenomenal inicio del deteriorado Circuito Arqueológico del valle de Azapa. Este continua luego con los geoglifos de Atoka (hoy violentados por las antenas telefónicas instaladas en su parte alta) los geoglifos de Cerro Sombrero (asfixiados por los cultivos), los Túmulos de Alto Ramírez (completamente cercados y cercenados por las propiedad privada) el Poblado de San Lorenzo (nuevamente antenas deterioran su valor patrimonial). Las condiciones actuales del circuito turístico hacen que las visitas se apuren por llegar al punto final del recorrido: el Museo Arqueológico San Miguel de Azapa.

También es importante destacar que el Cerro Sombrero o Pan de Azúcar actualmente es un Lugar Sagrado para algunas organizaciones aymaras urbanas, que lo usan en la festividad del Machaq Mara (Año Nuevo Aymara). Estas comunidades respetan estos lugares ancestrales y utilizan otros espacios para sus ceremonias. Por tanto, el Cerro Sombrero tiene una importancia patrimonial, ceremonial, turística, cultural y étnica.

Daño Irremediable al Monumento Arqueológico

Pero, ¿que sucedió exactamente? En primer lugar existe un daño considerable al paisaje y al valor del conjunto patrimonial dejado por las huellas, que son visibles desde cualquier punto de la carretera.

Además, la maquinaria arrasó con recintos de piedra que constituían casas y estructuras ceremoniales, y con toda la información intacta que aún mantenían. Maíces, restos de estructuras de totora, carbones, trozos de textiles y calabazas, huesos de animales, todos ellos de cientos de años, quedaron desparramados por la acción de maquinarias.

Se puede decir, usando una metáfora común para estos asuntos, que en el suelo y a merced del viento quedaron dispersas innumerables páginas arrancadas del libro que documenta el pasado de la Región. En tiempos de globalización y homogeneización cultural, estas acciones nos hacen perder el registro de un momento de la humanidad en que coexistían con mayor tolerancia y respeto innumerables formas de vida. Desde ese pasado podríamos rescatar una identidad que nos vuelven una comunidad única, con una historia particular y con formas propias de enfrentar los desafíos futuros.

Según la legislación este hecho constituye un delito castigado por altas multas. Lamentablemente, pese al frecuente daño efectuado al amplio patrimonio arqueológico regional, las acciones legales anteriores no han concluido con todo el rigor o incluso no han sancionado de ninguna manera a los (ir)responsables de los atentados.

Pero optimistamente podemos indicar que estamos en un contexto nuevo, tenemos una política patrimonial cada vez más fuerte y tenemos recientes fiscales en la región dedicados a estos delitos medioambientales y patrimoniales. Esperemos que las sanciones sean las necesarias para iniciar el fin del permanente deterioro y cercenamiento del Patrimonio Tangible de una de las regiones con más historia de la nación.

Un dato que también hay que considerar es que el terreno donde se emplaza el yacimiento es privado, y no corresponde a un predio del fisco, como debería ser lo lógico. Durante la repartición de nuevos terrenos agrícolas en tiempos de la CORA (Corporación de la Reforma Agraria) de los años 60 y 70, el patrimonio arqueológico era menos valorado de lo que es incluso hoy. Así quedaron un sinnúmero de yacimientos arqueológicos en predios privados, por ejemplo, en el sector de Alto Ramírez, también del valle de Azapa. Allí han sido sistemáticamente arrasados tras los altos cercos, y subsisten sólo algunos contados con los dedos de una mano.

Por tanto, este atentado también es la ocasión para discutir públicamente la recuperación por parte del Estado de los innumerables yacimientos arqueológicos que todavía subsisten en terrenos privados.

¿Qué puede hacer Usted para evitar que se repitan estos casos?

Primero, no existe forma de tener un catastro completo de todos los yacimientos arqueológicos existentes, cada vez se registran sitios no conocidos en nuevas áreas o en nuevos sectores donde se explora la superficie o el subsuelo. Además, hay amplias zonas de la región que no han sido exploradas para determinar su potencial patrimonial. Sin embargo, la ley es clara: son Monumentos Nacionales TODOS los yacimientos arqueológicos, sean conocidos o no. Es decir, si Usted al hacer una excavación en su propiedad encuentra restos arqueológicos debe dar aviso a Carabineros, a la Gobernación y/o al Consejo de Monumentos Nacionales, sino cometerá un delito.

Segundo, los bienes patrimoniales en general, no son de por si transparentes y obvios de reconocer. Un ínfimo porcentaje tiene letreros informativos, el resto no. Si usted esta adquiriendo un terreno en la ciudad o en los valles, o si está iniciado trabajos en un terreno baldío, mejor acérquese a la Comisión Asesora de Monumentos Nacionales de Arica y Parinacota, para saber si se tienen noticias de yacimientos en el predio. La Ley es clara, independiente de que usted tenga propiedad y titulo legal del terreno, no puede destruir, excavar, alterar yacimientos que estén dentro de su terreno. Para eso necesita un permiso expreso del Consejo de Monumentos Nacionales.

Tercero, si usted es testigo de algún atentado al patrimonio arqueológico o a los Monumentos Nacionales debe dar aviso directamente a Carabineros o a la Comisión Asesora de Monumentos Nacionales de la Región. No se convierta en cómplice de un delito que es irremediable.


  • Pronto el Consejo Asesor de Monumentos Nacionales de Arica y Parinacota abrirá su oficina en Arica. Por ahora sólo entregamos el correo electrónico de José Barraza Llerena, el Secretario Ejecutivo jbll@monumentos.cl.

Diciembre 2007

Entre esfuerzo, fe y suciedad.
Camino al Santuario de Las Peñas

Esta nota apareció en el periódico electrónico local
"El Morrocotudo", en Diciembre del 2007.

En Diciembre del 2007 al Santuario de Las Peñas. Con la intención de realizar una caminata por un paisaje hermoso, lleno de historias que tienen que ver con la vida, el esfuerzo y la fe en los valles de Arica. Este sendero requiere en todo momento de esfuerzo físico y es un reconfortante viaje para el espíritu, aunque no se tenga como principal motivo el fervor religioso y el saludo a la Virgen. Un buen resumen del recorrido lo hace Tomas Bradanovic .

Tuve la buena idea de empezar el viaje a las 3 de la madrugada y llegar al Santuario a las 6:30, cuando recién estaba amaneciendo. Esto a pesar que el camino fue algo dificultoso pues los puentes peatonales estaban en regular estado y porque no había tantos viajantes, y por tanto, algunas veces perdíamos la huella principal.

En el Santuario vivían la misa, y los bailes se preparaban para entrar al Templo. Entre voces piadosas en altoparlantes y el sonido de los bronces y matracas, decidimos descansar un rato y desayunar. Iniciamos el regreso con la claridad del día, preparados con la cámara de fotos para registrar el paisaje natural y humano, la fe y la historia. Estábamos atentos a los senderos, peregrinos, las bellezas naturales, ruinas históricas y petroglifos. Sin embargo, el resultado fue completamente decepcionante.

Es inaceptable que en los 9 kilómetros de camino peatonal, no haya tramo que no tenga una botella plástica, una bolsa de helado, un plástico de envoltorio de galletas. Regado a ambos lados del camino se encuentran kilos de suciedad dejada por los visitantes, que sin duda, enormemente cansados, no tienen ningún problema en tirar a la tierra cuanta deshecho de lo que se aprovisionan para seguir el camino.

Sorprende que en ninguna de las ramadas instaladas en el camino, el Paradero o el Santuario tengan un basurero señalizado. Sorprende que no exista una sola piedra de regular tamaño al costado del camino que no haya sido rayada por pintura, ya sea con mensajes alusivos a la festividad, o bien, recuerdos personales o signos grafiteros.

Es inaudito que ninguna de las organizaciones que gestionan y ordenan estas dos versiones anuales de la festividad no hayan hecho algo realmente efectivo para solucionar el problema de la suciedad en el camino al Santuario. Ninguna de las autoridades encargadas por velar el cumplimiento en feliz término de la festividad parece haber evaluado y actuado frente al deterioro que año tras año tiene este importante recurso patrimonial de nuestra comunidad.

El problema se agrava por el hecho de que en estos últimos años se ha abierto una nueva ruta que no pasa por las cuencas y asoleadas pampas y se queda junto al río. Este camino fue evaluado y habilitado por los organizadores de la festividad y hoy en día es un nuevo foco de suciedad.

No hablamos sólo de los edificios religiosos e imaginería religiosa, ni de recursos arqueológicos o históricos, hablamos de un paisaje cultural completo que año tras año es valorado individual y grupalmente por una serie de actores y grupos. Existen miles de historias personales y familiares sobre fe, esfuerzo y trabajo que se reactivan en los meses de noviembre y diciembre. Existen muchos grupos religiosos que llegan desde Arica, Tacna, Iquique, La Paz y otras ciudades y pueblos del sur andino que no sólo buscan fe en la imagen de la Virgen, sino también en el paisaje sobrecogedor que la rodea.

No esperemos que sea más tarde para remediar este recurso cultural de la naciente región. Uno de los pocos recursos que por al menos 300 años ha sido valorado espontáneamente por nuestra comunidad, sin necesidad de la voz de gobiernos de turno, entidades técnicas o instituciones religiosas. El Santuario de Las Peñas es un recurso cultural que está en peligro inminente, la enorme cantidad de suciedad y los insolentes grafitis demarcados en las piedras, transforman rápidamente este espacio en un continuo basural que tapará la fe y la historia.

A estas alturas las medidas deben ser drásticas. Sin oponerme al fervor religioso, lo único factible para obligar a los miles de actores involucrados es la amenaza legal de clausurar la Fiesta. En los años del cólera la Fiesta estuvo apunto de no realizarse. Los ramaderos se comprometieron a variar sus menús y aumentó la presencia del Servicio de Salud en terreno. Hoy el mismo Servicio de Salud o la CONAMA (Comisión Nacional de Medio Ambiente) deberían presionar a los organizadores, Iglesia Católica, alférez, grupos de bailes, asociaciones de ramaderos, y las demás autoridades que coordinan, para lograr un compromiso efectivo al respecto, con la posibilidad latente de clausurar en último caso la Fiesta.

Este compromiso debe incluir un plan de descontaminación de la ruta, un plan de educación permanente a los peregrinos, instalación de señalética preventiva y basureros, sancionar a los locatarios que no mantengan la limpieza de su entorno, que las donaciones de la Iglesia no sólo sirvan para mejorar la infraestructura del Templo y del Santuario, sino que también exista una responsabilidad personal y grupal para mantener limpio el paisaje natural y cultural. En fin, el problema de la basura es tan grande y se ha agravado tanto en los últimos 15 años, que mientras más ideas se propongan, más actores y organizaciones se comprometan y más gestiones coordinadas se hagan, será mucho mejor.


PARA SABER MAS DE LA FIESTA:

Agosto 2007

Chinchorros: ¿con paso firme hacia el siglo XXI?


Esta nota apareció en el periódico electrónico local
"El Morrocotudo", el día 14 de agosto del 2007.


Hace casi un año escribí sobre la posibilidad teórica y legal de poder sentarme en un futuro a conversar con algún representante de los Chinchorro. Este “riesgo” se ha incrementado enormemente. Y peor aún, ¿no habremos terminado poniendo la carga delante de los bueyes?

En relación a la “nueva” etnia indígena diaguita, había escrito sobre las posibilidades de sentarme en un futuro cercano a dialogar con algún representante de la etnia Chinchorro. Hoy en día, esto no parece tan lejano.

Por un lado está la iniciativa del senador A. Navarro para reconocer otra “nueva vieja etnia” que engrosará nuestra diversidad cultural además de los aportes fiscales hacia un “desarrollo con identidad”. Sí, es posible que los changos, esos pescadores de los que leíamos en los libros escolares de historia, los veamos hoy en día como pescadores artesanales especialistas en entregarnos las reinetas y cojinovas frescas. Si estas “apariciones” se concretan, primero se verán en la Región de Coquimbo, pero no dudo que los veamos prontamente en las tierras del extremo norte.

Por otro lado, somos testigos del fuerte lobby que hacen determinados especialistas en la prehistoria, funcionarios públicos relacionados con el patrimonio cultural y políticos para poner a los Chinchorros como estandarte de la identidad ariqueña. No debemos negar que este trabajo minucioso y esforzado ha dado sus primeros frutos: Han puesto el tema de “Chinchorro Patrimonio de la Humanidad” dentro de la opinión pública y como exponentes de la vanguardia, los artistas han sido quienes más han enganchado. Artes plásticas, séptimo arte, eventos musicales, y debemos esperar aún más, todos ellos girando en torno a estas remotas personas y sus complejas prácticas mortuorias.

Más prácticos son los políticos y funcionarios que han sido atraídos, otorgando montos para estudios, carpetas, compra de terrenos patrimoniales, construcción de modernos edificios que servirán de espectaculares museos dedicados al tema, y lógicamente muchos discursos. Todos tienen en mente la sustentabilidad de este patrimonio que capitalizará en el prometido “turismo cultural”.

Ya sea para concretar la declaración como un representante distinguido del Patrimonio Cultural de la Humanidad, o bien, ser centro de una activación del turismo cultural en la nueva región, no basta con estar entre los record Guinness como los restos humanos momificados artificialmente más antiguos del planeta. Se requiere una valoración objetiva del resto de la comunidad y también un compromiso tangible de las instituciones estatales en la activación y difusión del pretendido Patrimonio de la Humanidad.

Además, aunque las antiguas personas que hoy llamamos Chinchorros mantuvieron su identidad y su unidad social por miles de años y habitaron el mismo espacio costero donde hoy se levanta nuestra ciudad, son sin duda tan ajenos a lo que nosotros identificamos como nuestro, como lo pueden ser las tribus africanas. Provenientes de un tiempo en donde prácticamente toda la humanidad se dedicaba a buscar su sustento directamente desde el medio ambiente y no se conocía aún ninguna especie domesticada, estos pequeños grupos recolectores y pescadores sólo lograron ser universalmente conocidos varios milenios después.

No fue una valoración espontánea, sino que la ciencia fue la intermediaria. Estas ciencias de las excavaciones y fechados han “reconstruido” no sólo las técnicas de enterramiento, el medio ambiente que explotaron, sus enfermedades, sus prácticas alimenticias y los lapsos de tiempo en que habitaron. Además, han intentado “construir” a un “otro”, que se vuelve cercano y lejano al mismo tiempo.

Esta claro que los hombres y mujeres de ciencia no darán abasto en este esfuerzo y están recibiendo la cooperación de los artistas y algunos empresarios y políticos sensibles, en la “construcción” del espíritu del antiguo Chinchorro. La razonable duda es: ¿cuál será el rol del resto de la comunidad para “construir” esta nueva identidad?, ¿qué harán las organizaciones comunitarias, los empresarios ligados al rubro turístico, las comunidades de raíz indígena, en todo este proceso? El ariqueño medio, ese medio patriotero que salta cada vez que le tocan el tema boliviano o peruano, ¿se sentirá identificado con un pescador que casi desnudo dedicaba gran parte del tiempo a estar en el agua?

Y más delicado aún: ¿Se podrá construir esta identidad Chinchorro, a sabiendas que la arqueología podrá determinar un pequeño porcentaje de sus aspectos, y el resto será, con todo respeto, ciencia ficción elaborada por artistas, empresarios, políticos y en el mejor de los casos, la comunidad? Y por lo demás, ¿todo en el nombre del “turismo cultural”?

El ejemplo de Patrimonio de la Humanidad que tenemos más cercano, las salitreras iquiqueñas, recorrió otro sendero. Primero, fue la comunidad que de manera espontánea valoro con una mezcla de orgullo y memoria todos los vestigios de aquella época de oro del salitre. Sólo después de un largo proceso llegaron los estudiosos y políticos, únicamente para elaborar burocráticamente este sentir. El tema del turismo cultural fue sólo uno de los esgrimidos, atrás de la valorización por si misma. Algo similar ocurre con otros casos nacionales: Rapa Nui y las Iglesias de Chiloé

Creo que los Chinchorro, como un componente importante de la identidad buscada por los ariqueños, es tan sólo uno de los muchos elementos que tenemos a nuestra disposición. Antes de buscar una declaración mundial deberíamos explorar todos los recursos patrimoniales que tenemos, y si queremos sumar a la ciudadanía en este esfuerzo, deberíamos realizarlo desde el presente hacia el pasado, no desde lo más antiguo conocido y forzar un camino hasta el presente. Como lo dijera en otro contexto Steve Jobs "uniendo puntos" hacia el pasado.

Si queremos sumar a la mayoría de ariqueños en este esfuerzo los hitos históricos e identitarios de nuestra nueva región deben seguirse en dirección contraria, uniendo puntos desde nuestro presente complejo hacia el pasado: la migración industrial provocada por el puerto libre, la llegada masiva de componentes andinos a la ciudad, la industria del salitre y el ferrocarril, la guerra del pacífico y la desintegración de múltiples lazos, el estado peruano, el puerto colonial español y Potosí, los cacicazgos de los Altos de Arica, la presencia Inka y la cultura Arica, la influencia altiplánica y Tiwanaku, los primeros agricultores y constructores de túmulos, los cazadores altoandinos y finalmente, los pescadores Chinchorro.

¿Identidad para reconstruir un espíritu o identidad para el turismo?, ¿Identidad para la globalización o identidad para nosotros?



Finalmente, los videos del discurso de Steve Jobs para quienes no los han visto: